A pesar de que los autos eléctricos en Chile son cada vez más cotizados, sigue existiendo mucho desconocimiento respecto a ellos. A continuación, te mostramos los errores más comunes al cargar un auto eléctrico en casa, y cómo puedes evitarlos:
Cargar siempre al 100%
Uno de los mitos más extendidos es que cargar el auto a tope a diario es lo ideal. La realidad es que depende de la química de tu batería. En baterías NMC/NCA con Iones de litio tradicionales, mantenerlas al 100% genera estrés térmico y acelera la degradación de las celdas. Para el día a día, el límite ideal es el 80%, y el 100% es mejor usarlo solo para cuando vayas a hacer un viaje largo. En baterías LFP de Litio-Ferrofosfato, que son muy comunes en marcas como Tesla (modelos estándar), MG o BYD, los fabricantes recomiendan cargarlas al 100% al menos una vez por semana para que el sistema de gestión (BMS) calibre correctamente la autonomía y no se “pierda”, ya que el voltaje de las LFP es muy plano y le cuesta calcular cuánta energía queda si no llega al tope de vez en cuando.
Si quieres maximizar la vida útil (ciclos de carga) de la batería de tu coche eléctrico, intenta moverte siempre que sea posible en el rango central.
- Evita el 0% tanto como el 100%: Bajar del 10% genera un estrés químico similar (o peor) que estar al 100%.
- Cargas lentas > Cargas ultra-rápidas: Aunque los cargadores de 150kW+ son geniales para viajar, el uso diario de corriente continua (DC) degrada las celdas por calor. Si puedes cargar en casa en alterna (AC) a 7kW, tu batería te lo agradecerá eternamente.
Dejar que la batería caiga por debajo del 20%
Igual que el exceso de carga puede ser perjudicial en ciertos modelos, vaciar la batería por completo es el enemigo número uno. Descender frecuentemente por debajo del 10-20% somete a las celdas a un estrés extremo. Intenta moverte siempre en la horquilla del 20% al 80% en tu rutina diaria.
El verdadero riesgo de bajar del 20% es un fenómeno químico que provoca que, cuando la batería está casi vacía, su resistencia interna aumenta drásticamente. Cualquier esfuerzo (como una aceleración fuerte o una pendiente) genera un calor excesivo en las celdas que acelera su envejecimiento prematuro. Además, existe el peligro real al dejar el auto estacionado varios días, con un nivel muy bajo, el consumo residual de los sistemas del vehículo (alarma, GPS, actualizaciones) puede agotar ese mínimo de seguridad y hacer que el voltaje caiga por debajo del umbral crítico, bloqueando la batería y obligándote a una reparación elevada que las garantías suelen rechazar por negligencia.
Por eso, el consejo es tratar ese 20% como tu cero psicológico en el día a día; así te aseguras de tener siempre un margen de maniobra ante imprevistos o consumos inesperados por climatización.

Ignorar el coche durante largos periodos de inactividad
Si te vas de vacaciones semanas, no dejes tu auto ni al 100% ni al 0%. Las baterías sufren un proceso natural de autodescarga. Dejarlo totalmente descargado puede provocar una muerte súbita (daño irreversible). Déjalo enchufado con el límite de recarga configurado al 50% o 60%
Olvidar las actualizaciones de software de tu auto
El software de tu auto dirige la orquesta. Los fabricantes lanzan actualizaciones que mejoran la curva de carga, la gestión térmica y corrigen errores. Conecta tu coche al Wi-Fi de tu casa periódicamente para maximizar su eficiencia.
Usar enchufes no adecuados ni certificados para la carga
Mucha gente se resiste a instalar un cargador especifico para cargar su auto eléctrico y utiliza el enchufe convencional de casa. Esta conducta es un error muy peligros: los enchufes convencionales no están diseñados para soportar altas intensidades durante horas, lo que supone un riesgo de sobrecalentamiento e incendio. Además, la carga es extremadamente lenta, limitando tu capacidad de reacción, y desgastando los bornes internos del enchufe. Con el tiempo, el calor constante expande y contrae los metales, aflojando las conexiones. Una conexión floja genera un arco eléctrico o un sobrecalentamiento extremo que puede derretir el plástico y provocar un incendio en la caja de pared.
